Paula, la farera de Bengtskär

Visitar el faro de Bengtskär es para los fineses casi como ir de peregrinaje: algo que hay que hacer una vez en la vida. Paula Wilson, la farera, nos explica por qué es un lugar tan especial.

– Visité por primera vez Bengtskär en el verano de 1968, cuando acababa de prometerme con mi marido. Jamás olvidaré el impacto que me causó. Aquella isla solitaria, a kilómetros de cualquier lugar habitado, parecía un lugar encantado. Era como estar en alta mar, pero con los pies bien firmes en la tierra.

– A principios de los 90, el faro de Bengtskär, antes de aspecto imponente, estaba muy deteriorado después de haber pasado 25 años vacío. Mi marido y yo pedimos con insistencia a la Universidad de Turku, dueña del edificio, que lo sacara a flote. Así el edificio logró renacer. Desde entonces lo hemos restaurado para que recupere su aspecto original, y lo hemos alquilado para que funcione como museo. Además, hace ya 16 años que vivimos aquí. Cuidamos del faro y tenemos un pequeño hotel en el edificio, que tiene como atractivo una sauna de granito construida en 1907 en la que nuestros huéspedes pasan agradables veladas.